
Adrian Lyne (Atracción fatal, 9 semanas y media) dirigió en 1990 esta película protagonizada por Tim Robbins y que narra las alucinaciones y secuelas de un ex soldado del Vietnam.
Indagar sobre las mentes atormentadas de personas que combatieron en Vietnam es un tema bastante recurrente en Hollywood. Quizás el ejemplo más conocido es el de Travis Tinckle, aquel taxista que padecía de insomnio interpretado por Robert de Niro en la mítica Taxi Driver. Pero probablemente quien se lleva la palma en sufrir las terribles secuelas psicológicas por combatir en el sudeste asiático sea Jacob Singer (un genial Tim Robbins), protagonista de la escalera de Jacob.
Adrian Lyne nos invita a un recorrido por la enferma mente de Jacob, un lugar lleno de locura y tormento. En un principio, la cosa pinta realmente bien: escenarios oscuros y claustrofóbicos, terroríficos monstruos y personajes que persiguen y acechan al pobre de Jacob o el viejo dilema entre realidad y locura. Todo esto acompañado de unos flashbacks que, si bien al principio entretienen y aportan información, terminan haciéndose demasiado recurrentes y cansinos.
El problema de la película va apareciendo y creciendo a medida que pasa el metraje: lo que en un principio era una interesante historia, se convierte una mezcla de temas, que da la sensación que ni el propio Lyne sabe demasiado bien como encajar. Experimentos militares, conspiraciones, el hijo… Una auténtica pena, ya que si se hubiera enfocado el guión en lo sobrenatural o el surrealismo de la locura, con mucha probabilidad hubiera salido un resultado bastante más interesante.
Aun así, la escalera de Jacob nos muestra una de las escenas más logradas y escalofriantes de la historia del cine, no apta para sensibles:
Lo peor: todas las escenas en las que aparece Macaulay Culkin haciendo (como no) de niño repelente. Tanto, que resulta increíble comprender que el padre sienta algún tipo de nostalgia por él. Luego llegarían sus grandes éxitos (sic) y una rápida trayectoria hacía el fracaso. ¿Acaso alguien lo dudaba? Y conste que la opinión de Michael Jackson no vale.
En resumen, un interesante proyecto que, como otras muchas veces, promete mucho y se queda a la mitad. No deja de resultar interesante su estética y su temática, que años después heredarían películas (mejores que esta) como El sexto sentido o Los otros. También influenciaría incluso en el mundo de los videojuegos, ya que la saga Silent Hill toma muchísimo de la locura de Jacob Singer.
Una lástima el empeño del director en intentar tocar demasiados temas a la vez, pero sin conseguir llegar al fondo de ninguno, y de algunos flashbacks que no aportan nada.
Puntuación: 6/10
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